Albi es una de las visitas imprescindibles en el Sur de Francia

A unos 80 kilómetros al noreste de De Toulouse, a orillas del río Tarn, nos encontramos con Albi, uno de los pueblos con encanto cerca de Toulouse a los que merece la pena hacer una visita si vienes de viaje al sur de Francia. ¿Necesitas unas recomendaciones sobre qué ver en Albi? ¡Quédate leyendo!

 

¿Qué ver en Albi? Un pueblo con encanto

Con unos cincuenta mil  habitantes Albi es la capital del departamento de Tarn, vecino del de Haute-Garonne, cuya capital es Toulouse, a su vez capital regional de Occitania. El departamento de Tarn es famoso por la producción de vino de Gaillac.

 

Albi fue inscrita en la lista de Patrimonio Mundial de la Unesco en 2010 como Cité Épiscopale d´Albi, distinción perseguida desde los años noventa y que hoy llena de orgullo a sus habitantes.

 

La declaración incluye todo un conjunto histórico-artístico, su casco histórico medieval, amalgama de influencias románicas y góticas donde destacan la Catedral de Santa Cecilia, el Palais de la Berbie, la colegial y el claustro de Saint-Salvi y el Pont Vieux. Cuna de uno de los artistas franceses más conocidos, Henry Toulouse-Lautrec, Albi cuenta con un museo consagrado enteramente al pintor, en pleno casco histórico y con la mayor colección pública dedicada al cronista gráfico de la bohemia parisina.

¿Cómo llegar a Albi desde Toulouse?

Llegar desde Toulouse es muy fácil: aproximadamente cada dos horas sale un tren que conecta la principal estación de trenes de Toulouse, Matabiau, con la de Albi en la Place du Staligrad, a 15 minutos a pie del centro. El precio anda entre unos 10 y 30 euros por trayecto. Si tienes coche, te llevará menos de una hora.

 

¿Qué ver Albi? Lo más destacado

A continuación, te presentamos en detalle lo más destacado de Albi para que no te pierdas nada en tu visita.

La Cité Épiscopale

El centro de Albi es una extraordinaria perla medieval conservada en fresco, no disecada. Francia fue el primer Estado europeo en concebir como el patrimonio histórico como un bien social a conservar, transmitir y disfrutar, quizás es por eso. Lo que llama la atención en primer lugar es el color, una paleta que dependiendo de la luz va del rojo, al rosa o al ocre

Castelviel, la parte más antigua, se mantiene como un pintoresco pueblo medieval de calles estrechas y casitas bajas de “colombage”, una manera de construcción a partir de entramados geométricos a modo de cimbra de madera cuyos huecos se rellenaban con paja, barro, guijarros o ladrillo. El barrio creció bajo la mirada de la imponente torre-campanario de la catedral de Santa Cecilia.

La place de Savène es como un pueblo dentro del pueblo. El propio nombre del barrio de Cartelnau hace referencia a que fue la parte de la ciudad surgida posteriomente entre los siglos XII-XIII. Aquí predomina el ladrillo sobre el colombage. En la rue Henry Toulouse-Lautrec se encuentra el hôtel du Bosc, donde nació el artista: En la casa vecina nació otro ilustre albigense: Jean-Françoise de La Pérouse, conde de Lapérouse.

Este pionero de la exploración marítima se destacó como capitán de navío durante la Guerra de Independencia americana, en la que Francia apoyó a los yanquis contra los ingleses. Finalizada la guerra en 1783, fue elegido por Luis XVI para dirigir una expedición alrededor del mundo. Zarpó en 1785  con dos fragatas de 500 toneladas, 220 marinos, científicos y sacerdotes; tras tres años de travesía tocando Brasil, Chile, Alaska, China, Rusia, Australia, en 1788 la expedición de esfumó sin dejar rastro en las Islas Salomón.

 

Albi tiene historias que contar. Para saber más de este misterio náutico recomendamos el Museo Lapéruose en la rue Porta 41, al otro lado del río. Se puede ir a pie.

 

Catedral de Santa Cecilia

De lo principal que hay que ver en Albi. La la Catedral de Saint Cecile, construida entre finales del siglo XIII y finales del XV, representa uno de las últimas realizaciones del estilo gótico meridional, caracterizado por amplias naves despojadas de excesos decorativos, aspecto casi de fortaleza militar y empleo de ladrillo.

Recuerda a la iglesia del Convento de los Jacobinos de Toulouse, en la que seguramente se basara el director de las obras: el obispo Bernard de Castanet. Pons Descoyl, de origen catalán, que había trabajado antes en la catedral de Palma de Mallorca, fue el maestro cantero.

La apariencia fortificada de este tipo de arquitectura está en relación con la agitada historia de la región. En la sociedad del Albi medieval caló hondo entre los siglos XII y XIII una desviación herética del cristianismo conocida como Catarismo que criticaba diversos dogmas del cristianismo romano, así como el exuberante modo de vida de sus altas jerarquías eclesiásticas, preconizando la humildad, la pobreza y la vuelta al cristianismo original.

Hasta tal punto caló que hoy conocemos como Cruzada Albigense (1209-1229) la guerra lanzada por el papa Inocencio III (flexibilizando el precepto de no matarás) contra los cátaros. La cosa escondía intereses políticos y ambiciones personales, como siempre, sobre todo de los señores feudales del norte que encontraron un pretexto sagrado para venir al sur a despojar al conde de Toulouse y a al vizconde de Trencavel de sus dominios.

Un tema que nos apasiona pero en el que no tenemos tiempo para profundizar aquí. Repasa los primeros capítulos de Juego de Tronos para hacerte una idea general. El caso es que el aspecto fortificado de este tipo de iglesias meridionales viene de una voluntad de expresar una idea del catolicismo romano como fortaleza de la única fe verdadera.

 

Palais de la Berbie

Adosado y conectado con la catedral y asomado al río Tarn, el Palacio Episcopal (berbie significa obispo en lengua occitana) tiene aspecto de fortaleza roja, enteramente hecho en ladrillo en el siglo XIII. Es de los palacios episcopales más grandes y mejor conservados de toda Francia.

Si en la Catedral se combatía la herejía cátara mediante la prédica, desde las salas del palacio la Santa Inquisición la purificaba mediante las llamas. A través del patio de honor, flanqueado por dos torres, accedemos al Museo Henry Toulouse-Lautrec. Tan extraño como entrañable, conocido como “el amo de Montmartre”, como artista le dio tanto a la pintura como a al dibujo, la cartelería o la ilustración para revistas y también le dio bien al cognac y la absenta en los bajos fondos de París.

 

Es un artista que fascina y atrae a todo tipo de público. No te arrepentirás de recorrer en solitario o en grupo la más grande colección pública dedicada a él, donada por su madre después de su prematuro fallecimiento.

 

Dónde comer en Albi

Ya sabemos más o menos qué ver en Albi, ahora falta dónde comer. Van una lista aportada desinteresadamente por un amigo albigense para que una vez allí tú te acerques a un sitio y al otro, compares y decidas:

  • L´épicurien. 42, Place Jean Jaures (“lo más top”)
  • Le bruit en cuisine. 22, rue de la Souque (“top y menos caro”)
  • La planque de l´évêque. 1, rue de Lamothe
  • L´au dedans. 23, rue d´Engueysse (“pescado”)
  • La Pagoda. 68, avenue Gambetta (“comida china con un patrón divertido”)
  • Jour de Fête. 61, boulevard Soult (“comida sencilla y rocanrol”)

 

Ahí quedan nuestros consejos sobre qué ver en Albi más unas recomendaciones sobre dónde comer directos de un albigense. No dudes en comentar y compartir si te ha gustado el artículo y si quieres hacer un tour por Toulouse, ¡ya sabes dónde encontrarnos!

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